En el exilio, cuando el viento sopla, atiza. Es un viento ebrio de furia, y por tanto cuando da, duele y acaba moviéndolo todo, por dentro y por fuera.
Lo de fuera con un cepillo, borrón y cuenta nueva, lo de dentro es más difícil;
Por fuera como el efecto Foehn, hace que la temperatura suba, por dentro agranda soledades.
Es un viento que lo arrastra todo y sin embargo es incapaz de arrastrar las distancias, los añoros, las rutinas. Permanecen aquí, como compañeras de viaje, siendo el único paisaje de este exilio yermo.
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