No tengo ni la menor idea del arte de tomar una copa porque literalmente no me sienta bien el alcohol; sin embargo reconozco que uno de los mayores placeres de mi vida es salir de este inmenso exilio y acompañar la copa de alguien con mucho arte, porque es arte en si mismo, con una buena conversación, algo de lo que también carezco aquí, y no me refiero a la copa, me refiero al arte, a la compañía y a la buena conversación.
A veces un pequeño detalle puede cambiar el sabor de lo cotidiano y si a un "gin tonic" le cambias el limón por una rodajita de pepino la cosa cambia, y cambia mucho.
¿Dónde está la rodajita de pepino en este opresivo lugar? Aquí no cambia nada, al contrario, el tiempo se estanca y los sinsabores crecen.
El exilio es amargo como la tónica, ácido como el limón y marea como la ginebra.
Estoy borracha de exilio, y acabaré vomitando.....
No hay comentarios:
Publicar un comentario