Siempre evoco la presencia de la ausencia, no es un juego de palabras, es un ejercicio diario, un ejercicio que lejos de ser una rutina más dentro del descalabro de sentirse gallina en corral ajeno, coloca los deseos en el lugar que corresponden.
Comienza la cuenta atrás, hace semanas que ya pasé el Ecuador.
Cuando estudiaba, pasar el Ecuador significaba hacer un viaje, yo nunca lo hice, después he hecho bastantes, la mayoría al exilio y eso me ha llevado a adquirir una fea costumbre, no deshago las maletas, mi ropa viaja de la lavadora a la maleta y viceversa, para secarse habita en una habitación. Vivo en un sur sin sol, aunque el sol comienza a quemar.
Menos de 48 horas y mis maletas si se desharán, permanecerán inquietas, inmóviles observando la ropa que sale y entra pero felices de saber que durante unos días esa ropa se quemará al sol.
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